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22 - septiembre - 2017
Fundadores
 



P. Félix Jesús Rougier      

 

Nació en Milhaud, Francia, el 17 de diciembre de 1859 y fue bautizado al día siguiente con el nombre de Benedicto Félix. Sus padres fueron Benedicto Rougier y Ma. Luisa Olanier.

Cuando Félix estudiaba la Preparatoria, Mons. Elloy visitó el Seminario para invitar a los jóvenes, que lo escuchaban, a suplirlo en su labor misionera en las apartadas regiones de Oceanía. Ante la pregunta: ¿Hay entre ustedes alguno que quiera acompañarme a las misiones?, Félix respondió con voz firme y decidida: “Yo quiero Monseñor”. A los 19 años decide entrar en la Congregación de la Sociedad de María, para hacerse misionero; fue ordenado sacerdote el 24 de septiembre de 1887.

En julio de 1895, fue enviado a Colombia como superior de una nueva fundación en Ibagué, en donde desarrollo una asombrosa actividad misionera en favor de sacerdotes, religiosas, seminaristas, jóvenes, niños, pobres,… todos recibieron del P. Félix la orientación certera, la palabra fecunda y la ayuda eficaz que necesitaban.

Debido a la guerra civil, en Colombia, fue enviado a México en febrero de 1902; lo nombraron Párroco de la colonia francesa en México, haciéndose cargo del templo del Colegio de Niñas en el centro de la ciudad; al año siguiente tuvo la gracia de conocer a la Sra. Ma. Concepción Cabrera de Armida, quien le transmitió la riqueza de la espiritualidad de la Cruz y lo entusiasmó por las Obras de la Cruz, de manera particular por la fundación de los Misioneros del Espíritu Santo.

En 1904 viajó a Francia para informar y pedir el consentimiento de sus superiores; ellos le ordenaron interrumpir toda relación con la Sra. Armida. Durante el tiempo que duró lo que él llamaba su destierro, Dios lo hizo amar más la Obra que quería emprender, templar su voluntad y ejercitar la paciencia.

 

Diez años después, regresa a México con la bendición de sus superiores, para fundar la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, el 25 de diciembre de 1914. Fue nombrado superior y maestro de novicios del nuevo Instituto, aún sin poder formar parte de él. El P. Félix, a pesar de la persecución religiosa y de la penuria en que vivían, se dedicó a buscar y formar las nuevas vocaciones para su Congregación. La escasez de sacerdotes en México le hizo pensar en una Congregación dedicada a promover vocaciones sacerdotales y a pedir para ellas gracias de santificación y perseverancia.

 

En 1920 conoció a la Srita. Ana María Gómez quien dirigía una escuela llamada “Betania”, en su primera visita exclamó: “La Betania es un semillero de vocaciones” y poco tiempo después le propone a la Srita. Ana María fundar una Congregación que tenga como fin “La preparación de los sacerdotes del mañana, los futuros Misioneros del Espíritu Santo. San Luis Potosí, tierra bendecida por Dios, donde nacieron las Obras de la Cruz, fue el lugar señalado por la Providencia para que surgiera, el 12 de enero de 1924, la Congregación de las Hijas del Espíritu Santo.

 

La fecundidad espiritual del P. Félix, fue más allá de lo que pudo haberse imaginado, pues además de trabajar intensamente a favor de las Obras de la Cruz, fue el fundador de tres congregaciones religiosas femeninas:


1924. Las Hijas del Espíritu Santo

1930. Las Misioneras Guadalupanas del Esp. Sto.

1937. Las Oblatas de Jesús Sacerdote

 

El P. Félix vivió constantemente bajo la mirada de Dios y recomendaba siempre lo que él llamaba “atención amorosa”. María lo acompañó a lo largo de su vida, su amor a ella lo llevó a dejar como herencia a sus hijos e hijas la siguiente jaculatoria:

“Con Ella todo, sin Ella nada”, que fueron las últimas palabras que pronunció sobre la tierra.

Murió santamente el 10 de enero de 1938 pasó de este mundo a los brazos del Padre.

P. Félix

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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M. Ana María Gómez Campos

M.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nació en México el 5 de julio de 1894, muy pronto conoció el dolor al perder a su padre, a la edad de 2 años. Su mamá y su abuela materna se hicieron cargo de su educación y de la de su hermana Guadalupe.

Tuvo una niñez feliz, fue líder entre sus compañeras, alternaba el juego con el estudio, de inteligencia clara y corazón compasivo, su carácter era audaz y vivo, sabía convertir los obstáculos en oportunidades y asumía los retos como escalones que la acercaban a las metas, aprendió a leer muy pronto y su amor al estudio la llevó a obtener el título de maestra normalista y a cursar varias maestrías y especialidades universitarias, algo totalmente inusual en una mujer, a principios del siglo XX.

A los 15 años decidió consagrar su vida al Señor, pero habrían de pasar muchos años más para encontrar el camino por donde Dios quería llevarla.

Conoció al Padre Félix de Jesús Rougier, quien después de tratarla por algún tiempo, la invitó a fundar la congregación religiosa de las Hijas del Espíritu Santo, con la Espiritualidad de la Cruz, y con el fin específico de promover la vocación sacerdotal entre los niños y extender el reinado del Espíritu Santo. Esta idea le pareció venida de Dios y aceptó secundar los proyectos del Padre Félix. La nueva Congregación nació en San Luis Potosí, el 12 de enero de 1924 y recibió el riego fecundo del Padre Félix, hasta su muerte en 1938, a partir de entonces, la Obra quedó únicamente en manos de la Madre Ana María, quien la impulsó fuertemente, fundando colegios para varones y niñas en diversos lugares de la República Mexicana y difundiendo el espíritu sacerdotal de Cristo, el amor al Espíritu Santo y a María, Madre de la Divina Gracia, en las personas que se acercaban a ella.

Fue una maestra ejemplar, conocedora de la psicología del niño y del adolescente, no sólo impartió conocimientos, sino que inculcó valores, propiciando una educación integral en la niñez y juventud, despertando en ellos el deseo de superarse continuamente.

Como sembradora incansable, dejó caer la semilla de la verdad y el bien, en los corazones de millares de personas con las que tuvo contacto a lo largo de su vida.

Permaneció al frente del gobierno del Instituto durante más de 44 años, dejándola en manos de sus religiosas, después del Concilio Vaticano II. La Congregación obtuvo la aprobación de Roma en 1950, pero la incorporación definitiva del Instituto a la vida de la Iglesia, llegó hasta 1984, con la aprobación de sus Constituciones.

Vivió la Espiritualidad de la Cruz, con intenso amor a Jesús Sacerdote-Víctima y contagió a sus religiosas el deseo de cumplir la voluntad de Dios en todo momento. La Madre pasó los últimos 17 años de su vida, dedicada a la oración y a mantener vivo el espíritu de la Obra que Dios había puesto en sus manos.

Descansó en el Señor el 24 de marzo de 1985, en la ciudad de México y sus restos reposan en el Panteón Jardín.

El decreto para iniciar su causa de canonización se inició el 11 de enero de 2002. El lema que la animó y que dio rumbo a su vida fue: “Enséñame, Señor, a cumplir tu voluntad”

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